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Por Aníbal Ignacio Faccendini (*)
A fines de octubre del presente año, en las ciudades de Bruselas y Amberes (Bélgica) se desarrolló un seminario internacional de especialistas de agua y ambiente. En esta actividad académica participaron distintas instituciones universitarias y asociativas de Europa, Africa y América Latina. Se trataron diversos temas conflictivos de los recursos hídricos. Tópicos que remitieron al cambio climático. El fracaso de Copenhague en diciembre de 2009, hirió fuertemente al optimismo. El efecto invernadero y la energía contaminante, quedaron petrificados. No tratados seriamente. El hombre intenta ocultar con ruidos lo que el silencio sustantivo de la naturaleza desnuda. Entonces, las palabras se desbandan y queda lo abismal: la naturaleza jaqueada. En los próximos días habrá una nueva oportunidad de tratar estos temas, cuando se celebre la Conferencia del Cambio Climático de Naciones Unidas en Cancún (México). El "Manifiesto de Rosario Sobre el Agua" se difundirá allí. Este documento que hemos realizado junto al prestigioso ambientalista Leonardo Boff potenciará la posición latinoamericana y africana, respecto a que el agua no puede ser "vampirizada" ni "subalternizada" por la energía. La cuestión hídrica debe ocupar un lugar agendal propio, autónomo y prioritario en Naciones Unidas. No hay clima sin agua. Y, que como derecho humano universal reconocido el 21 de julio, se debería respetar efectivamente en todos los países de la Tierra. Por ello, el agua es un bien común universal de toda vida, con una conditio sine quanon: su dominialidad pública nacional se debe dar en un contexto de solidaridad, cooperación y respeto entre las naciones con y sin recursos hídricos. Con vocación pacífica en la resolución de conflictos. El agua no tiene mapas pero sí realidades nacionales y regionales. Se debe evitar y erradicar todo neocolonialismo subalterno entre naciones con recursos económicos pero con escasa agua y regiones con abundante agua pero pobres económicamente para poder acceder a ella. El Acuífero Guaraní de América latina tiene posibilidades de dar agua a casi toda América, esto es a 720 millones de personas. Sin embargo, más de 70 millones de latinoamericanos no acceden a ella por carecer sus respectivos países de recursos económicos para inversiones extractivas, de potabilización y distribución. El agua es un bien común de toda vida, que no viene a convertir a los países pobres económicamente, pero ricos en agua en custodios y depositarios de sus propios recursos. Pues, no corresponde naturalizar la ajenidad de lo propio. El bien común no es la pobreza endémica de muchos y la apropiación indebida de pocos. Es la vida para todos. La soberanía sobre los recursos hídricos se debe complementar con la solidaridad internacional recíprocal. Las regiones desarrolladas con las zonas pobres. No hay bien común ambiental sin gobernabilidad del agua.
En Amberes, desde la Cátedra del Agua de la Universidad Nacional de Rosario expusimos los problemas de la gobernabilidad hídrica en aguas transnacionales. Esta herramienta conceptual viene a dar cuenta de la trama relacional de los estados nacionales, regionales y organismos supranacionales con los distintos actores en su vinculación y gestión hídrica. Esta innovación en el abordaje nos permite detectar dificultades en cuanto a la intervención ciudadana que hacen a la gobernabilidad de este preciado elemento. Así, en las represas de Yacyretá sobre el río Paraná, como la de Salto Grande sobre el río Uruguay y en el Tratado de 1975 de dicho río (Comisión Administradora), sumado al conflicto con la pastera ex Botnia. Ponen al descubierto las ausencias de mecanismos que prevean la intervención ciudadana sistémica institucional que hagan a la gobernabilidad de aguas transnacionales, para el bien común. Resulta paradójico que en un tema de tanta vida se excluya la participación efectiva de la gente. El bien común se debe pensar en forma universal con un actuar regional. La instrumentalidad de dicha participación ciudadana podría tomar como camino indiciario los consorcios de servicios sanitarios (cloacales) que en Rosario, en los años 91 y 92, lograron una intervención efectiva de los habitantes. Gestionaron y decidieron sobre las obras de saneamientos en distintos barrios de la ciudad de Rosario. Fue una participación efectiva. Hubo falencias, pero el saldo fue positivo. Pocas veces en nuestra ciudad se pudo detectar una participación y decisión ciudadana en forma institucional y simultánea. Hegel planteaba que en lo particular se da lo universal, así la actividad que tuvieron estos consorcios locales podrían marcar de alguna manera un camino hacia la gobernabilidad hídrica universal. Porque es desde lo local que se da lo global. Nuestra América Latina es una gran zona de cuencas y acuíferos, que tiene para dar no sólo agua sino también ideas. Es de buena memoria acordarse de recordar lo que le decía el pedagogo Simón Rodríguez a Bolívar, que si no crea se erra y nuestra región está convocada para crear: una nueva gobernabilidad hídrica y ambiental para el bien común universal.
(*) Disertante en el Seminario “Agua Bien Común” Parlamento Belga. Bruselas (octubre /10). Doctor en ciencias jurídicas y sociales. Licenciado en ciencias sociales y HH. Director cátedra del Agua y docente UNR. Abogado.
Fuente: La Capital (Rosario) |